Chorizo de Cantimpalo: En la morbosa película “Chorizo” de cantimpalo, ganadora del Premio Bragueta 1995, Octavio Lador – delincuente de poca monta que pertenece a la banda de Manolito Chan Tajista – se introduce en el domicilio de Belén Culada, la bella esposa de un importante diplomático. La joven se verá obligada a satisfacer los perversos deseos del malhechor, incluyendo la práctica de la postura de la zambomba. ¿Podría la escultural Belén Culada resistir la intensa sesión de sexo salvaje?. Averígualo viendo esta excitante película.
· El juguete del Rey Gaspar: En “EL juguete del Rey Gaspar” ganadora del accésit a la mejor película cómico-erótica del Premio Bragueta 1995, una inocente niña llamada Guadalupe Lambrera recibe la inesperada visita del rey Gaspar Turiento, que trae de Oriente toda clase de juguetes para que la tierna infante se divierta de lo lindo. Descubre con qué tipo de juegos se entretienen la pequeña Guadalupe y Gaspar Turiento en la noche de reyes más excitante jamás filmada.
Las películas de FISGON CLUB tienen más que ver con Buñuel, Bigas Luna, Almodóvar o Santiago Segura, que con todas esas innumerables películas americanas en las que sí, todas y todos son muy macizos, fogosos y lujuriosos, pero... ¿De verdad hacen eso? ¿Esos orgasmos y jadeos pueden ser naturales, con los protagonistas rodeados de todo el equipo de filmación, director, cámaras, técnicos?
En sus cintas no encontrarás ni alucinantes enfoques, ni espectaculares travellings de cámara, ni siete orgasmos por minuto, ni doblaje de los actores, ni música de fondo sugerente... Lo único, y no es poco, que vas a descubrir en sus películas es que no son películas: todo es real.
En su casa o en la calle, sobre el catre o en mitad del pasillo, los protagonistas de sus historias ponen en marcha su humilde cámara de vídeo, y se disponen a retozar para alegría del personal que luego visionará sus proezas. Lo verás en tu casa, pero tendrás la sensación de que todo el tiempo has estado al lado de ellos, escondido espiando mientras ellos se acariciaban sin percatarte de tu perversa presencia